dilluns, d’abril 30, 2007

LA LUZ DE JOANOT MARTORELL

Hace una semana viajé desde Barcelona a Gandia para asistir a la presentación de un libro… Visions del Tirant lo Blanc, un libro repleto de sentimiento, pero sobre todo, de calidad creativa, de conocimiento, de sensibilidad, de inteligencia,… de sugerencias.

Supongo que lo natural hubiese sido escribir estas líneas en catalán, puesto que el acto se desarrolló en valenciano y todos los momentos compartidos con los protagonistas tuvieron como lengua vehicular otra distinta a la empleada en esta nota. Justamente, porque quiero compartir el instante vivido con más gente, porque quiero acercar estos momentos de plenitud a aquellos que viven ajenos a estas realidades que existen a su vera uso esta otra lengua común.

Don Quijote cumplió 400 años, todos nos acordamos, y esa era una oportunidad única para proyectar, a su vez, al libro que creó fascinación en Cervantes, aquel que salvaba de la quema calificándolo “del mejor libro del mundo” donde los héroes eran humanos, el amor carnal y las proezas verosímiles. Es una pena que el reconocimiento internacional de El ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha no se haya aprovechado más para proyectar con él otra gran obra de las literaturas españolas.
Unidas por la fuerza plástica de la épica caballeresca, el Quijote y el Tirant están hermanados por la belleza de un ideal aventurero y noble. Un ideal al servicio de una justicia poética, profundamente evocadora.

Los ecos de la misma están fielmente retratados a través de las imágenes de Antoni Catany. Colores vivos e intensos que hablan de una luminosidad íntima, hecha y alimentada a base de palabras: “-Per quina raó –replicà Tirant- t’apiades del nostre públic enemic que amb tanta crueltat ha intentat matar-me? És just que ell siga condemnat segons ell volia fer amb nosaltres. Ara no és temps d’altra cosa que de crueltat, perquè la victòria està condicionada a la nostra virtut. Dit això li desféu el bacinet i li tallà el cap. L’atxa de Tirant era reconeguda entre les altres perquè estava tota vermella i rajava sang dels hòmens que havia mort. Així mateix, la terra era coberta de cossos morts i tota vermella per la sang que s’hi havia escampat”.

O colores apagados por la serenidad incandescente de una vela espoleada por el espíritu mediterráneo de quien siente y expresa: “Tirant no pogué contenir per més temps les llàgrimes dels seus ulls i, intuint que la princesa s’enutjava, afegí: -Senyora, per no fatigar la vostra senyoria, detindré la passió que la meua atribolada ànima sent, la qual vol partir del càrcer del meu cos si té de viure amb aquesta pena”.

Así, los textos seleccionados del Tirant lo Blanc por el poeta Josep Piera son mordiscos suculentos de una obra todavía demasiado alejada y desconocida en nuestro país.

Piera utilizó en la presentación de la obra una imagen, la del “comboy”, para expresar la idea de que los grandes proyectos al final salen por la confluencia de esfuerzos y de compromisos. Casi todo en la vida es una acumulación; de voluntades, de intereses y desintereses, de búsqueda y aportación de belleza, era una manera de expresar agradecimiento, y de quitarse importancia. Pero lo cierto es que la energía emitida por su entusiasmo fue, seguramente el detonante y la llama de todos los demás que en mayor o menor medida participamos en este “comboy”.